Evolución

Nacido en la dictadura, vi el padecer imborrable de mis padres.
Tuve primos mayores -jóvenes de entonces- que militaban por el cambio;
el derecho a reunirse no estaba permitido, sus asambleas eran secretas,
cuando se lanzaron a la calle, pusieron su vida en juego
y fueron perseguidos, apaleados o encarcelados por los grises.Gracias a muchos valientes como ellos
pudo llegar la democracia, yo aún no era adolescente
pero no puedo ni quiero olvidar aquel ejemplo
ni las lágrimas de esperanza de mis padres al brindar
cuando murió el tirano. Mientras, mi abuelo también lloraba,
aunque su anciano llanto no era sino un miedo a lo desconocido.
En la juventud creamos grupos donde comunicar y compartir,
donde aprender a contagiar el aliento por un mundo mejor
(con la palabra, la reflexión, la danza, la canción…)
lo mismo en los escenarios como en la vía pública…
¡era necesario atravesar la idea llevándola a la acción!
Nos echamos a la calle, enarbolamos pancartas…
En contra de la mili alzamos la voz y lanzamos pegatinas.
No conseguí evitarla -nos la impusieron-
ni una vez dentro dejé de luchar en contra de ella…
Me negué a jurar bandera y lo pagué, más no cejé en el empeño
de llegar a un tribunal militar, utilicé en él todos los recursos teatrales
que supe improvisar, hasta conseguir mi tan ansiada “exclusión”
de una impuesta fuerza armada que iba en contra de mis más hondos principios.
Aquel día paseé bajo la lluvia sin destino, el rumbo eran mis pasos…
En el bolsillo: 5 duros (ni para comer, ni para vestir, ni para un bus de regreso…
lo justo para una conferencia desde una cabina pública -no había móviles ni Internet-)
… pero en el pecho, una emoción impagable e insustituible:
¡era un ser libre!, luchar por mis valores días, meses, años…
sin lugar a dudas había merecido la pena.
Pero aún mayor fue la satisfacción interna cuando una década más tarde
eliminaron la obligatoriedad del servicio militar para los nuevos jóvenes.
Los cambios no son instantáneos, ahora bien: lo importante es activarlos,
porque quizá nosotros no, pero sí generaciones que nos siguen
un día se podrán beneficiar.
El cambio de un sistema, como todo cambio, ha de partir del despertar interior,
de la crítica interna y la tenacidad hacia la construcción de un mundo más humano.

Preguntas, Homo Artísticus, sobre nuestras respuestas y emociones
vividas ante el 15M… No soy de pocas líneas, me reconozco intenso,
sé que bastaría con menos de lo dicho,
aunque a veces es necesaria la insistencia para que no quede en humo.
De la plaza del Pilar de mi juventud a la Puerta del Sol en esta madurez
me emociona apoyar a jóvenes que hoy generan asambleas,
Hombres Creativos y Mujeres Decididas en pro de sus derechos…
Y me hierve la violencia sanguinaria de las porras policiales
que repiten en la plaza de Cataluña lo que hace 4 décadas no pudieron abortar:
la voz del pueblo, que alza manos y flores ante el abuso y lo corrupto,
que enarbola el pacifismo con un ejemplo de solidaridad, diversidad y tolerancia.

Ya no sirven los frívolos platós ni los parlamentos bipartidistas
que supuran en la memoria el inconsciente colectivo de los dos bandos arcaicos.
Ya no sirven el encumbramiento propio ni el desprestigio ajeno,
y para quien todavía lo crea, que desempolve el arma del discernimiento.
Es tiempo de diálogo, de educación, de consenso por el bien común.
Es tiempo para el respeto, la revisión personal y el cambio de conciencia.

Las plazas han vuelto a los orígenes de la política, “lo personal también lo es
-puede leerse en uno de los incontables carteles de “SolSostenido”- a día 29,
se han convertido en las ágoras recuperadas,
se han repartido tareas, se han llenado de mensajes,
la palabra “exclusión” y las “multi-fobias” han sido desechadas,
se han organizado dispositivos (no de combate, sino de colaboración y respeto)
No podría haber habido una conciencia social de tal calibre
si debajo no existiera el rescoldo de una conciencia personal.
El fanatismo unilateral violentó de nuevo las calles catalanas esta pasada noche
tras un partido de competición, mientras una comunidad dialogante
protegía la calma en un reducto de paz. Quien tenga ojos para ver, que vea…
Mucho está ya dicho, no hay vuelta atrás…
Quizá no sirva ya alargar las acampadas…

Tiempo de sumar decisiones y propuestas, concretarlas en consensos productivos

no correr el peligro de caer en lo harto conocido, no generar nuevos separatismos…

la flor es bella en sí misma, ahora quiere que su aroma también impregne los pasillos

con ecuanimidad, adecuación, diligencia y una actitud eficaz

para que las muchas voces puedan ser una y clara

y lo que ya ha empezado, pueda tomar su forma representativa.

Tiempo de terremotos a todos los niveles…
¡si la Tierra se mueve, cómo no vamos a movernos sus hijos!…
Un nuevo eje se enderezará. “Casi todo lo que realicemos -como dijo Gandhi-
será insignificante, pero es muy importante que lo hagamos”:
cada quien en su parcela, en su tarea, conquistándose a sí mismo
y aprendiendo a escucharse más y mejor con quien es prójimo.
La constancia y la paciencia harán, al tiempo, el cambio inevitable
de un sistema que ya no representa a su conjunto.

Como decía Borges: “Nadie es patria, todos lo somos”.

Víctor Orive, mayo 2011

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